
Chile como un Estado Ecológico.
Por Ramiro Mariño.
Articulación Ciudadana La Reina.

El CAMBIO CLIMATICO se ha tomado la agenda mundial: la relación entre los eventos naturales que se suceden uno tras otro en todas partes del planeta apunta a un fenómeno que desde el punto de vista de la ciencia ha sido creado, pero principalmente empujado por la acción del hombre.
Así, cuando se habla de las altísimas temperaturas en el verano del hemisferio norte, las grandes sequías, los incendios de vastas extensiones de bosque, las tormentas monumentales y las consecuentes inundaciones, las temperaturas inusualmente altas del ártico, todas estas noticias conducen al mencionado cambio climático que ha tomado proporciones mucho más graves que las estimadas hace pocos años cuando los “líderes mundiales” debieron comenzar a ocuparse del tema, aunque con excesiva timidez.
Desde entonces escuchamos sobre la importancia y necesidad de la “mitigación” y de la “adaptación” a esta nueva realidad y sobre acciones que se proponen para impedir los gases de efecto invernadero responsables principales del aumento de la temperatura global.
Sin embargo, de la causa medular del problema se habla poco. Las correcciones que se propone no hablan de transformar el sistema en que vivimos. Se habla de cómo producir autos que contaminen menos y no de reducir la producción de autos; de hacer aviones que consuman menos y no de reducir los viajes de la población; de controlar los insumos utilizados en la confección de ropa y no de hacer ropa más duradera y no tener que comprar permanentemente nuevos productos. Lo mismo con la mayoría de los artículos que a diario utilizamos, teléfonos, computadoras, televisores, zapatos…
Por el contrario, seguimos siendo estimulados para incrementar nuestro consumo, nuestros viajes, la comida exótica que proviene de lugares remotos... Seguiremos entonces en una carrera por aumentar esta mentirosa riqueza, estimulando la industria, el transporte, la energía, la moda, la agricultura intensiva, tantos sectores que tanto perjudican el equilibrio climático. Todo sustentado en la razón fundamental de que debe haber crecimiento pues sin él no habría forma de vivir, claro generando ganancias y todo a base de mayor consumo.
Otro aporte nefasto de este modo de vida es la generación de violencia contra los pueblos originarios que son en esencia defensores de la tierra. La expansión de la ganadería en el Amazonas, de la “zona agrícola” como la ha impulsado Bolsonaro y como lo hacen en forma de apropiación indebida todos los actores en la selva brasilera/colombiana/peruana/ecuatoriana, es la que ha llevado a una profunda deforestación que además de líderes sociales está matando el corazón del oxígeno del planeta.
Ante este panorama, la propuesta de nueva Constitución debe ser vista como un aporte importante principalmente por tres razones: en los Principios y Disposiciones Generales considera a Chile como un Estado Ecológico; consagra “la igualdad sustantiva de los seres humanos y su relación indisoluble con la naturaleza” y plantea que la naturaleza tiene derechos y el Estado y la sociedad el deber de protegerlos y respetarlos.
Adicionalmente, el tratamiento de la naturaleza casi transversalmente en todos los capítulos de la Nueva Constitución propenderá a una toma de conciencia de que es en esta relación del humano con la naturaleza, con la “madre tierra” de la cual es parte, en donde el hombre debe encontrar un sistema que permita su conservación y por tanto la conservación del ser humano en el planeta tierra.
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