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ARTICULACIÓN CIUDADANA LA REINA

Cierre de la Fundición Ventanas: corriendo el muro de lo posible.

Por Pedro Davis.

Articulación Ciudadana La Reina.

 

 

 

Mapa del complejo industrial Quintero – Puchuncaví.

Elaborado por Fundación Terram. (Pinchar para ampliar imágen)

 

 

La División Ventanas de Codelco, junto con un par de decenas de empresas radicadas en la llamada Zona de Sacrificio de Puchuncaví, han estado en las últimas semanas en las portadas de los medios de comunicación. Esto se debe a la decisión del gobierno del presidente Boric de cerrar la Fundición Ventanas por el alto grado de contaminantes emitidos y el subsecuente daño a la población residente en la localidad que ello implica.

 

Ventanas es una localidad de 13 kilómetros cuadrados y 2.500 habitantes, ubicada en la comuna de Puchuncaví, en la Región de Valparaíso. En ella se ubican tres playas, una caleta y, desde 1964, la fundición y refinería que instaló Enami (hoy a cargo de Codelco), lugar donde el cobre en bruto se transforma en cobre comercializable. En más de una oportunidad, justificando no cerrar Ventanas, se ha argumentado que ésta es fundamental para la pequeña y mediana minería y que no logra las masas críticas necesarias para refinar materiales a costo comercial. También se ha argumentado que las pérdidas se justifican por el apoyo que significa para las pymes mineras.

 

Los datos dicen algo distinto. El 50% del cobre que llega a Ventanas proviene de la gran minería (Divisiones Andina, Teniente y Anglo American) y el otro 50% son concentrados de la pequeña y mediana minería que se extraen desde la IV a la VI Región (hay que anotar que las pymes mineras no son como el resto de las pymes, algunas mineras de tamaño mediano facturan más que grandes empresas de otras áreas de la economía). Es decir, el 50% de las pérdidas que tendría Codelco estarían subsidiando a las grandes mineras, en un alto porcentaje a las medianas y en un menor porcentaje a las pequeñas.

 

El parque industrial Quintero-Puchuncaví alberga, entre otras, a las siguientes 11 empresas en cuyos directorios está lo más granado de los representantes del gran empresariado chileno y de algunas multinacionales: Codelco Ventanas,  Aes Gener,  Enel, Gasmar, GNL, Oxiquim, Puerto Ventanas S.A., COPEC, Cordex, Cemento Melón y ENAP.

 

La fundición se emplaza en el cordón industrial, sector tipificado en el Plan Regulador Comunal como Zona de Industrias Peligrosas e Insalubres.

 

Después de una somera revisión de las 11 empresas más importantes instaladas cercanas al borde costero Quintero-Puchuncaví y revisando las cifras de producción, la magnitud de los capitales invertidos y su rentabilidad, las características de los inversores y de las relaciones entre ellos y el mundo financiero, se entiende la vista gorda que las autoridades de los últimos 30 años han tenido respecto de los graves efectos que para la salud humana ha tenido este impresionante “desarrollo productivo económico”. Así como se realizaron inversiones muy significativas para ganar dinero, se podría haber hecho lo equivalente para evitar los efectos de la contaminación en la población, pero claramente este objetivo no estaba dentro de los intereses empresariales ni de las metas de un estado porfiadamente ausente.

 

Hoy, por primera vez en los últimos 30 años, la decisión presidencial de poner la salud de la población por sobre las consideraciones económicas junto con el compromiso de atender a las necesidades de los trabajadores contratados por Ventanas y por las empresas contratistas, dan cuenta de una nueva voluntad política. Ventanas es el primer paso, es una señal: el desarrollo, para que sea tal, debe ser para las personas y no a costa de las personas. 

 

Por su parte, la nueva constitución que establece que los derechos sociales están por sobre las decisiones económicas, abre un nuevo ciclo: debemos pensar el desarrollo de una manera distinta. No será fácil, un parlamento conservador y acomodado, los resabios del partido del orden y una derecha desatada, serán obstáculos que deberemos superar.

 

Un gobierno que aplica con voluntad el programa comprometido, prudente pero decidido, responsable pero audaz, que respeta la institucionalidad, pero apoyado en la fuerza de un pueblo convocado y movilizado va corriendo el muro de lo posible. Esta es, sin lugar a dudas, la mejor garantía de que lo que logremos con la aprobación de la Nueva Constitución no sea solo eso, sino el comienzo de tiempos mejores para todas, todos y todes.