
Del miedo a la esperanza.
Por Pedro Davis.
Articulación Ciudadana La Reina.

Corrían los inicios de la década del 80, Los Prisioneros incorporaban música joven al repertorio popular complementando la música de protesta de las peñas, internet se asomaba tímidamente, los computadores personales estaban naciendo; era el tiempo del Cubo Rubik, el personal estéreo, la televisión en color, los pantalones amasados, los mocasines Pluma, las zapatillas North Star o las botas blancas con flecos, los cassettes, la bebida de un litro que alcanzaba cuatro vasos y más, la guerra fría que estaba en un punto crítico y el Sida causando estragos.
La dictadura iniciaba la preparación de lo que sería la segunda mitad de su funesta gestión. El dictador, asesorado por los Chicago boys y con el Departamento de Estado de los EEUU detrás, debía iniciar la consolidación de la llamada “Economía Social de mercado” como se llamó eufemísticamente al más extremo y brutal modelo económico neoliberal del mundo. Al mismo tiempo, debía generar las condiciones para que su “obra” no pudiera ser tocada por las generaciones futuras. Jaime Guzmán, ideólogo UDI con fuertes vínculos con el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y Fiducia, sería el llamado a liderar ese proceso de consolidación. Dos serían las claves del momento: por una parte, el miedo de la ciudadanía a participar para cambiar el orden de cosas y el miedo que cualquier proceso de cambios debía generar y por otra, los candados que debían instalarse en una Constitución que, para ese efecto, debía redactarse.
Se designó inicialmente a Rafael Eyzaguirre Echeverría, Jaime Guzmán Errázuriz, Alejandro Silva Bascuñán, Jorge Ovalle Quiroz, Alicia Romo Román, Enrique Evans de la Cuadra, Sergio Diez Urzúa y Gustavo Lorca. Así, siete señores “de apellido” y una señora fueron los redactores. Estos ocho conspicuos personajes, todos con la misma forma de pensar, se demoraron “solo” poco más de cinco años (del 24 de septiembre de 1973 al 5 de octubre de 1978) en preparar el anteproyecto de la Constitución de 1980. Este fue revisado por el Consejo de Estado (designado por la dictadura) y la Junta de Gobierno.
Como había que darle un toque democrático, esta constitución del miedo y de los candados se “sometió” a plebiscito el 11 de septiembre de 1980, conmemorando el cruento golpe de Estado realizado siete años atrás. Sin posibilidad para los partidarios del rechazo de hacer campaña, sin registros electorales, bajo la amenaza de perder sus puestos en la administración pública o no poder postular a ellos para quienes no votaran, recortando las cédulas de identidad de quienes votaban: así se consumaba el más grande fraude de la historia electoral del país. En palabras del El Mercurio y La Nación la opción era Constitución o caos. Al finalizar el jueves 11 de septiembre de 1980 el dictador anunciaba triunfal que su constitución había sido aprobada.
En la actualidad, nuevamente nos encontramos ante el proceso de configuración de una nueva Constitución, pero las condiciones políticas y sociales de este proceso difieren radicalmente de aquellas que dieron origen a la construida por la dictadura. A continuación, intentaremos presentar algunos de los principales acontecimientos políticos, económicos y sociales que nos han traído hasta el momento actual.
El ímpetu consolidador del gobierno dictatorial expresado en la Constitución de 1980, se concretizaba también en esos años en medidas políticas estructurales que marcarían la vida de los chilenos hasta el día de hoy. En enero de 1980 se promulgó la ley de municipalización de la educación; en noviembre del mismo año se promulga la ley que crea las AFP y en marzo de 1981, la ley que crea las ISAPRE. Pero este arrollador avance en la concretización del modelo proyectado por la dictadura, sufriría un inesperado traspié.
En el año 1982 se produce un proceso de quiebra masiva de bancos e industrias, un explosivo aumento del desempleo y del endeudamiento lo que provoca una ola de malestar que se traduce en las primeras protestas nacionales en contra de la dictadura. Estas manifestaciones de descontento se expresan a través de huelgas, marchas callejeras, enfrentamientos con la policía, barricadas en poblaciones marginales y bocinazos y golpeteo de cacerolas en los barrios de clase media. Las protestas, impulsadas por sectores gremiales y sindicales, se expanden hacia el estudiantado, los pobladores y los partidos políticos, quienes resurgen tras un largo receso. Estas demandas son respondidas con una dura represión, lo que provoca una agudización del conflicto y la violencia. Siguen las manifestaciones, en 1983 surge Mujeres por la Vida, agrupación que juega un importante papel en la movilización popular
Entre 1983 y 1986 se suceden más de veinte jornadas nacionales de protesta, al tiempo que el Partido Comunista impulsa una política insurreccional que da origen al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, el cual efectúa en el año 1986 un atentado contra Pinochet. En medio de este ambiente político, el 5 de octubre de 1988, el triunfo de la opción “No” en el plebiscito al que obliga la misma Constitución del 80 (esta vez con registros electorales y campaña electoral de la oposición) deja claro que la mayoría no quiere que el dictador continúe. El paso siguiente serán las elecciones presidenciales y parlamentarias para el año siguiente lo que dará origen al primer gobierno post dictadura liderado por Patricio Aylwin.
Lo que sigue después es una sucesión de gobiernos de la Concertación por la Democracia en los que fundamentalmente se mejora el modelo sin tocar sus bases. El país crece, en gran parte por la bonanza de los precios de los comodities exportados; disminuye la pobreza pero aumenta la desigualdad; se termina de privatizar el aparato productivo; se acelera la depredación de los recursos naturales no renovables y se privatiza el mar por la vía de concesiones casi perpetuas a solo siete familias.
Después de 30 años de Concertación, en 2010 la derecha retoma el gobierno con el empresario Sebastián Piñera, reemplazado el 2014 por Michelle Bachelet en su segundo mandato, quien entregará el 2018 la banda presidencial nuevamente a Piñera.
Tanto la agudización de los abusos, la corrupción y la discriminación a las mujeres y las minorías, como la deficiencia en la satisfacción de las necesidades centrales de educación, salud, vivienda, sueldos y pensiones de la mayoría de los chilenos serán los ingredientes que alimenten las protestas masivas y crecientes desde el 2006, hasta el reventón del 18 de octubre de 2019.
Surge una revuelta social espontánea, multitudinaria, desbordante, mezcla de rebeldía y esperanza; el gobierno responde con una represión brutal que se creía ya desaparecida. La institucionalidad no da el ancho, los que están en el poder no son capaces de gobernar y los que enfrentan al poder no tienen la fuerza para desplazarlo. El 15 de noviembre surge el llamado Acuerdo por la Paz que abre un proceso de cambio de la Constitución para evitar un quiebre institucional de mayores proporciones.
El acuerdo no logra frenar las movilizaciones, el parlamento se abre a incorporar la paridad de género y los cupos reservados para los pueblos originarios en la Convención y se permite la creación de listas de independientes para postular a convencionales. El 25 de octubre del 2020 se realiza el plebiscito para aprobar o rechazar la redacción de una nueva constitución y quienes la redactarán; el apruebo obtiene 78% y que la redacción sea realizada solo por ciudadanos, un 70%. Días de esperanza y trabajo por una convención constitucional lo más parecida posible a una asamblea constituyente.
El sábado 15 y domingo 16 de mayo de 2021 se realizaron las elecciones para elegir a quienes redactarían la nueva Constitución. Los 155 elegidos conformaban el grupo más representativo jamás elegido en la historia de Chile. Los sectores más progresistas, con toda la diversidad posible, obtuvieron mas de 2/3 de los escaños. El 4 de julio de 2021 se instala la Convención Constitucional encargada de elaborar la nueva Constitución y el 18 de octubre se da inicio oficial al debate constitucional.
Hoy estamos a 90 días del plebiscito de salida, pandemia mediante, la derecha desatada, los conflictos en la macro zona sur y en el norte sin resolver y fuertes alzas de precios: un panorama complejo. Nuestra fuerza más importante es nuestra capacidad de movilización, solo en las calles y en las redes, todas, todos y todes trabajando, lograremos desterrar la Constitución del miedo y aprobar una nueva Constitución que nos dé la esperanza de poder seguir avanzando.
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