BOLETÍN
ARTICULACIÓN CIUDADANA LA REINA

EDITORIAL :  La urgencia de lo comunitario

 

En momentos como los que vivimos hoy: desconcertantes, empantanados, difíciles e inciertos, en que el futuro es una nebulosa, cabe preguntarse en qué fallamos, dónde hay que poner atención, qué debemos escuchar y entender.

Habría que preguntarse, por ejemplo, ¿por qué cada día más personas están aisladas o se sienten solas?, ¿cómo llegamos a este punto de desapego entre tod@s?

Cada día conocemos menos a nuestr@s vecin@s, ya los hijos salen menos y no juegan juegos improvisados en las plazas. La tercera edad está más sola que el resto, pero también much@s jóvenes se sienten sol@s. Además, reconocer sentirse sol@ se considera producto de un fracaso personal.

 Hoy se habla de una crisis de soledad a nivel global. En Gran Bretaña se creó en 2018 un Ministerio de la Soledad y en el 2021 también lo hizo Japón.

Pero la soledad no es solo un estado personal, es también social y político. La soledad contemporánea es alentada por la desigualdad económica, por las políticas de “austeridad” de los estados, que eliminan y disminuyen los espacios públicos destinados al encuentro y comunicación con el otro, donde surge espontáneamente la cordialidad, donde se aprende a vivir con el diferente. Cada vez hacemos menos cosas juntos, hay una menor tendencia a ir a una iglesia, al sindicato o a una organización comunitaria.

La “burbuja digital” es solo una parte de este gran puzzle. Los orígenes de la crisis de soledad empiezan en Chile con la dictadura, con el aniquilamiento y desarticulación de las organizaciones sociales.  Y sigue después con la imposición del neoliberalismo, que pone el acento en la libertad individual y rechaza toda intervención del Estado. Se promueve la competitividad extrema, donde el bienestar personal se pone por encima del bien común.

El daño social generado por ese modelo económico es brutal y tardará mucho en desaparecer. El neoliberalismo no es una simple política económica, el objetivo es “cambiar el alma y el corazón” de las personas (Margaret Thatcher) para que se conciban como individuos solitarios que solo cuentan consigo mismos y que solo deben responsabilizarse por sí mismos. Los demás pasan a ser solo otros individuos solitarios a los cuales debemos renunciar.

El acelerado ritmo de vida, renunciar o no reconocer a las demás personas también es parte del problema. La solución se vislumbra en planos políticos, laborales y culturales.

¿Cómo promover la preocupación por los demás? ¿Cómo lograr que en este mundo atormentado y fragmentador podamos hacer una pausa, conversar, sonreír, escuchar e interactuar con los otros?

 Son muchos los beneficios personales y colectivos si salimos de la inercia individualista: no nos sentimos más solos, acompañamos y nos sentimos acompañados, nos sentimos útiles, caminamos con otros, nos sube la autoestima. Y más aún si nos integramos a un grupo o colectivo.

Las motivaciones económicas y concretas muchas veces son lo primero para encontrarse y trabajar en conjunto. Las afinidades emocionales y las causas políticas también son posibilidades para entablar lazos y relaciones sólidas. Así se avanza en el trabajo comunitario.  Cuando uno cree firmemente en algo, compartimos, nos afiatamos, crecemos, pensamos en caminos para lograr nuestros objetivos y nos vamos fortaleciendo.

Y los caminos son largos, difíciles, pero hay que ser flexibles, saber disfrutar de la convivencia con otros, pensar en metas realistas a corto y largo plazo, saber sobreponerse a las pequeñas derrotas y también disfrutar los pequeños triunfos, caminando con los demás.

Hoy en Chile, los lúcidos análisis políticos solo tendrán sentido si somos capaces de salir de las burbujas en que el sistema nos quiere encerrar. Necesitamos encontrarnos con los semejantes para avanzar unidos y con los diferentes, para escucharlos e integrarlos en un camino común.