
Educación y Nueva Constitución.
¡Que vivan los estudiantes!
Por Articulación Ciudadana La Reina.

Que vivan los estudiantes
jardín de las alegrías
son aves que no se asustan
de animal ni policía
y no le asustan las balas
ni el ladrar de la jauría
caramba y zamba la cosa
¡Que viva la astronomía!
Violeta Parra
No es posible hablar de educación y nueva constitución sin referirnos al papel primordial del movimiento estudiantil y sus movilizaciones, como factor desencadenante de la oportunidad de construir una nueva constitución, gestada desde las bases de la sociedad chilena.
El movimiento estudiantil ha sido en la historia de nuestro país un factor clave en los procesos de cambio, particularmente desde los 80, en los oscuros tiempos de la dictadura militar donde se gestara, entre cuatro paredes, la llamada “constitución de Pinochet”, la que según su autor intelectual Jaime Guzmán, “debe procurar que si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría, porque – valga la metáfora – el margen de alternativas que la cancha imponga de hecho a quienes juegan en ella sea lo suficientemente reducido para ser extremadamente difícil lo contrario”. Con posterioridad, y a partir del inicio de la transición de dictadura a democracia, hubo manifestaciones permanentes por el costo de la educación y los pasajes en buses y metro. Encontramos el Mochilazo del 2001 y la “Revolución de los pingüinos” del año 2006, este último como el primer alzamiento masivo de estudiantes secundarios de Chile por el derecho a la educación, en respuesta al privatizador modelo educacional instalado a partir de 1975 y con un hito en la municipalización de la educacion en 1980.
Posteriormente, las protestas del 2008 frente a la inminente aprobación de la Ley General de Educación (LGE) lo que, para los estudiantes secundarios y universitarios, sería una nueva versión de la LOCE; las movilizaciones de 2011, que significaron caídas de ministros de educacion y promesas de reformas hasta ahora incumplidas. El año 2016, durante el segundo mandato de la presidenta Michelle Bachelet estas acciones de protesta tienen el primer gran logro estructural: La gratuidad en la enseñanza superior para los estudiantes pertenecientes al 60% con menores ingresos de la población, durante toda la duración formal de la carrera. La culminación del ciclo de protestas se produce cuando los estudiantes, saltando los torniquetes del metro y otros, detonan el Estallido social popular del 18 de octubre de 2019. Y de ahí su participación en las movilizaciones intergeneracionales posteriores que culminaron en el plebiscito que aprobó por casi un 80% la redacción de una nueva constitución. Y lo más clave, fueron parte fundamental de las fuerzas sociales que, con su movilización, lograron que esa tarea fuera asumida por representantes de la sociedad civil, en forma paritaria, con cupos reservados para los pueblos originarios, con participación relevante de los independientes y sin participación de la institucionalidad política representada por el parlamento.
En el 2021 se eligen 154 convencionales, entre los cuales hay una cantidad importante de personas provenientes de los movimientos estudiantiles.
Hoy, gracias a lo reseñado tenemos una propuesta de nueva constitución. En ella el término “educacion” aparece más de 50 veces, incluyendo los capítulos específicos relativos al tema y las menciones en otros apartados, que relevan la importancia de que sea el Estado quien pasa de observador a actor en los procesos educacionales.
Los estudiantes siguen y seguirán ejerciendo protagonismo. La constitución es un rayado de cancha necesario, pero lo plasmado allí deberá traducirse en leyes concretas que materialicen los planes y las políticas necesarias para cumplir con los objetivos de un Estado Social de Derecho en el ámbito base para la construcción de una sociedad justa y sólida.
Por su trayectoria y el rol que jugarán en lo que viene, ¡Nos gustan los estudiantes!
¡Que vivan los estudiantes!
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