
Tiempos de cambios.
Articulación Ciudadana La Reina.

Veinte años atrás nadie imaginaba que hoy llevaríamos computadores en los bolsillos, que hablaríamos mirando a la cara con un familiar o amigo a 10.000 kms. de distancia, que jóvenes hackers pondrían a prueba al pentágono o al City Bank en un abierto desafío a los poderes constituidos. Como decíamos en el editorial anterior, en Chile el poder establecido “no vio venir” el estallido del 18/O, no soñábamos con poder cambiar la Constitución, ni menos hacerlo con una convención paritaria, con cupos reservados para los pueblos originarios y -lo mas extraordinario- con las reglas establecidas de la institucionalidad controlada por los poderes fácticos.
Hoy creemos posible construir una nueva Constitución; es más, se está construyendo por el grupo de personas que mejor representa a la sociedad toda: esta presente el 1% mas rico y con más del 1% de los representantes, está presente el 10% que vive acomodado, están presentes las capas medias, están presentes los pobres de la ciudad y del campo, están presentes los trabajadores, los científicos, los artistas, los medioambientalistas, la diversidad sexual, los profesionales, los pueblos originales. Esta pluralidad de la representación y los amplios debates que se han dado en el marco de lo que definió el parlamento, respetando los 2/3 como supra mayoría para aprobar los acuerdos y con múltiples etapas previas a la aprobación en el Pleno de los artículos propuestos por las comisiones. Una Convención donde la ciudadanía tuvo oportunidad de debatir, presentar propuestas presenciales ante los convencionales y hacer propuestas por escrito, una Convención donde los convencionales eligieron libremente en qué comisión querían hacer sus propuestas específicas.
En fin, una Convención con la mayor legitimidad, que ha entendido que el mundo vive tiempos de cambios tecnológicos, informativos, cambios de paradigmas, tiempos en que escasea el agua para consumo humano y se prevé aumento de esa escasez si no se toman medidas a tiempo, que vivimos un mundo en el que nos hemos dado cuenta de que no se puede seguir produciendo sin tener presente la sustentabilidad de los procesos productivos, donde no se puede seguir promocionando un consumismo desenfrenado que ha sido producido por los dueños de empresas y países para seguir engordando sus ya gordos bolsillos.
Los convencionales están realizando un arduo trabajo, esta Constitución no va a resolver en forma inmediata los problemas concretos como demanda la gente, pero su gran virtud es que abre las puertas para que esos problemas sean resueltos al permitir reformas que la actual Constitución niega. Esta nueva Constitución permitirá intervenir al Estado no solo donde los privados no lo hacen, sino también en los ámbitos en que el mercado no resuelve los problemas de los pobres, de los excluidos, de los marginados. Esta Constitución abre un camino de esperanza, entrega a los poderes legislativo, ejecutivo y judicial herramientas para hacer política limpia, proba, transparente.
Con la nueva Constitución se superan los candados de la anterior; por ejemplo, respecto del agua, la Constitución anterior dice “Los derechos de los particulares sobre las aguas, reconocidos o constituidos en conformidad a la ley otorgarán a sus titulares la propiedad sobre ellos” sin considerar la prioridad del consumo humano sobre el consumo agrícola, forestal, minero o industrial. Este artículo permite, por ejemplo, que el dueño de derechos de agua que no los está utilizando venda a los municipios agua para ser transportada en camiones aljibe a población que no tiene agua para el consumo familiar.
Porque el mundo está en tiempos de cambios, Chile debe cambiar una Constitución hecha por cinco personas para favorecer a los poderosos por una Constitución escrita por representantes electos por todos los chilenos, que tiene como norte las necesidades de todos los habitantes de nuestra tierra.
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