BOLETÍN
ARTICULACIÓN CIUDADANA LA REINA

Un nuevo perfil docente para una nueva educación
Por Manuel Acevedo Álvarez.

Historiador y profesor.

 

 

 

 

 

La creación de un nuevo enfoque donde el Estado se compromete de manera “ineludible” con la garantía de una educación de calidad, no podía partir sino relevando el papel intelectual y profesional de quienes justamente deben orientar los espacios escolares hacia los límites del pensamiento.

 

 

La propuesta de nueva Constitución que espera su aprobación por parte de la ciudadanía el próximo 4 de septiembre, contiene elementos claves para el profesorado y para el sistema educativo en general. Es un gran impulso en esta materia, dado que en 9 artículos (del 35 al 43) presenta un conjunto de disposiciones, muchas de ellas novedosas en la historia constitucional chilena, o reestablece algunas suspendidas desde hace mucho para darles una amplitud mayor.


Por ejemplo, es de particular importancia que establezca el reconocimiento del papel fundamental del profesorado en la persecución del derecho mismo a la educación (art. 43). Consecuentemente con tal reconocimiento, consagra que dicha contribución se dé en marcos apropiados para su desempeño en “condiciones óptimas”. Además, declara la importancia que tiene la formación inicial de los docentes del sistema público (donde se incluyen todos los establecimientos que reciban financiamiento estatal) y su perfeccionamiento en el tiempo.


Pero no se queda allí y da un paso verdaderamente importante porque reedita el derecho a la “libre cátedra” estableciendo que son “las y los profesores y educadores” los titulares en el ejercicio de su cargo, pero ampliando dicha titularidad al universo del profesorado en todos sus niveles y no limitándola al espacio universitario como era antes del 11 de septiembre de 1973.


Me parece que esta titularidad de la libertad de cátedra es una consideración particularmente relevante para la dignidad de una profesión que ha sido muy golpeada por una institucionalidad muchas veces represiva, limitante y por una realidad social muy
exigente desde hace décadas. Pero no es sólo una estrategia necesaria para la consecución de los ambiciosos, (aunque justos y urgentes) fines y principios que establece la Nueva Constitución, sino que representa una validación desde el comienzo de una nueva forma de mirar y considerar lo que queremos como educación para Chile.


El solo hecho de establecer como fines de la educación la “construcción del bien común”, la “convivencia democrática” o la “conciencia ecológica” así como los principios de “cooperación”, “justicia” o “interculturalidad”, hacía necesario reestablecer a un sujeto pedagógico con la potestad necesaria para asumir la tarea. Se requiere de un actor, el y la profesora, con una dignidad que solo se le puede conferir si se le otorga la libertad para crear e implementar las estrategias didácticas que tiendan a la consecución de una educación orientada a la calidad. Esto solo será posible, indica la Propuesta Constitucional, cuando tanto los fines como los principios se materialicen en las aulas de todo Chile.


En otras palabras, la creación de un nuevo enfoque donde el Estado se compromete de manera “ineludible” con la garantía de una educación de calidad, no podía partir sino relevando el papel intelectual y profesional de quienes justamente deben orientar los
espacios escolares hacia los límites del pensamiento.


De ser aprobado el nuevo texto constitucional, el profesorado tendrá, evidentemente, no solo más libertades sino también mayores responsabilidades. Si bien el Estado se comprometerá con un acompañamiento a las y los docentes, éstos deberán considerarse además sujetos creadores de conocimientos, articuladores de la discusión académica y partícipes de la reflexión pedagógica. No deberán limitarse, como podría suceder por la estructura escolar, la dinámica social o simplemente la tradición, a ser repetidores de conocimientos y discusiones que están aparentemente fuera de su control.


La “libertad de cátedra” que se propone en la Nueva Constitución, supone además la creación de un plano de igualdad importante, en tanto la consideración de su libertad, para las y los profesores como potenciadores de otra igualdad, la de las inteligencias de sus propias y propios alumnos.

 

Esperemos que este sea el comienzo de los nuevos rumbos que pueden darse para la Educación en Chile.